Vianca, una vida marcada por la delincuencia, indolencia y falta de justica en el Caribe Mexicano

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Vianca, una vida marcada por la delincuencia,  indolencia y falta de justica en el Caribe Mexicano

Madre de víctima de feminicidio afirma que las trabas que se ha encontrado en el sistema de justicia y las deficiencias en la carpeta de investigación la han llevado a investigar por cuenta propia el asesinato de su hija en el 2018 en este destino turístico

Emilio Conde

Cancún, Q. Roo, dic. 9, 2020.- En 2012 Vianca Labastida habló en un programa de televisión española sobre la Riviera Maya. Con la ayuda de su madre, investigó y memorizó la información que necesitaba; habló del clima tropical, de las frescas aguas, de las suaves y blancas arenas y de la vida nocturna que ofrece el destino turístico reconocido a nivel mundial. Sonaba tan atractivo que ella misma decidió regresar a su país natal, después de cuatro años de vivir en Europa, para comenzar, de la mano de su novio, una vida en el Caribe mexicano, donde tiempo después fue brutalmente asesinada, sin que el crimen se haya resuelto hasta ahora.

A los 18 años, Vianca buscó la manera de estudiar en el extranjero. Interrumpió sus estudios de diseño de moda en el estado mexicano de Querétaro para ir a San Sebastián, España, para ser sommelier, a la par que trabajaba e iniciaba lo que fue una larga relación amorosa.

Los primeros años fueron duros: adolescente en el extranjero, estudiando y trabajando para mantenerse a flote. El primer empleo fue de mesera en una hostería. Duró hasta que una comensal se quejó de Vianca, al punto de que fue despedida de inmediato. “Fue plan con maña”, aclara Yessenia, la madre. “Quería que la despidieran para poder darle trabajo en el casino que tenía su marido. Y sí, ahí trabajó el resto del tiempo, hasta que regresó a México”.

Luego de la crisis financiera de 2009, España quedó en quiebra. Vianca siempre mantuvo su trabajo, pero Alan, su novio, quedó desempleado, por lo que barajaron opciones.

“Primero querían venirse a Veracruz, pero yo le dije ‘nombre, Veracruz está muy mal, muy peligroso’, pero yo no me imaginaba que Playa del Carmen estaba peor”, cuenta Yessenia.

Llegaron en 2013 a Playa del Carmen y en seguida Vianca se inscribió en la carrera técnica en Administración de Recursos Humanos en la Universidad de la Riviera Maya, donde cursó un año extra para conseguir licenciarse en Administración de Negocios. Al tiempo, se empleó en una tienda de marca y en sus horas libres practicaba crossfit, cuenta la madre.

A cuatro años de haber llegado a México, en diciembre de 2017, Vianca y Alan deciden terminar la relación.

Para entonces, Playa del Carmen comenzaba a ser embullida por grupúsculos criminales dedicados a la extorsión, narcomenudeo, trata de blancas, prostitución, pornografía infantil y demás ilícitos.

El 21 de febrero de 2018, Yessenia recibe una llamada desde Quintana Roo. Una voz calma y serena avisa que Vianca “tiene un golpe en la nariz” y que necesitan un familiar para que el hospital pueda dar informes.

“Ahí me dolió el estómago porque dije ‘esto no es coherente, algo pasa’”, recuerda Yessenia.

No era una lesión. Vianca murió ese día en el hospital de Playa del Carmen a causa de las múltiples facturas que presentó en la cara, en los pómulos, nariz y quijada, y del intento de estrangulamiento, según se reveló la autopsia.

Las autoridades procedieron a detener a Alan, pero en el momento de los hechos, el ex novio se encontraba disputando una partida de fútbol y hay testigos de ello.

“Me lo detuvieron. Nada pendejos la Policía de allá. Han de haber dicho ‘ahorita decimos que fue un crimen pasional y lo metemos a la cárcel’, pero yo nunca dudé de él. Cuando a mí me avisan de mi hija, lo primero que hice fue avisarle a Alan. Él va al hospital y es cuando ahí lo detienen”, dice Yessenia.

La mañana del 22 de febrero, la madre viaja desde Querétaro a Playa del Carmen.

“Cuando llegué ya estaba muerta. Yo me derrumbé horrible cuando me dijeron que había muerto, no lo podía creer. Me dijeron que tenía un golpe, pero tenía una fractura, tenía la nariz expuesta”.

“Dijeron que era un robo con violencia, que le habían robado su lap, pero la investigación ha sido un desmadre. No tienen ni puta idea de lo que es llevar un protocolo de investigación, ni siquiera saben lo que es un homicidio doloso ni un feminicidio; son unos ineptos”, lamenta Yessenia, abogada de profesión y maestrante en Juicio Oral.

La carpeta de investigación por el crimen fue abierta por robo y solo fue tras una nutrida manifestación en 2019 que se tipificó como feminicidio.

Las trabas que se ha encontrado en el sistema de justicia y las deficiencias en la carpeta de investigación han llevado a Yessenia a investigar por cuenta propia para resolver el delito; a hacer público su enojo, frustración y descontento, y a casi dar con la persona que asesinó a su hija, que por sigilo y el cuidado a no entorpecer el buen proceder de la investigación, guarda los detalles.

Por levantar la voz, Yessenia ha sido amenazada en reiteradas ocasiones por Guadalupe Reyes Pinzón, quien por entonces se estrenaba al frente de la recién creada Fiscalía Especializada en Delitos contra la Libertad Sexual, el Libre Desarrollo de la Personalidad y Trata de Personas.

Tras el asesinato de Vianca, sus ex compañeros de trabajo en la hostería de San Sebastián organizaron un acto en su memoria. Una artista local pintó un retrato que aún se conserva en el lugar.

“No he podido ir a verlo. Espero pronto poder ir, me gustaría verla”, dice Yessenia.

Playa del Carmen, comenta Tania Ramírez, de Siempre Unidas, colectivo que acompaña legal y moralmente a familiares o víctimas de mujeres violentadas, es un territorio domado por redes de crimen organizado, dedicados a la trata de persona, a la pornografía infantil, la prostitución y el turismo sexual.

“Ha dejado de ser lo que era”, dice Ramírez.

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