El peligro de extinguir especies y contaminar nuestra agua

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El peligro de extinguir especies y contaminar nuestra agua

Buzo Fernando Calderón. Foto Sandra Clopp

Por Esperanza García Méndez

Hay seres que habitan el fondo de las cuevas,son pequeños pero indispensables para la vida en el planeta, Fernando Calderón nos narra su hallazgo

La luz recalcitrante se cuela en la entrada de un cenote. De antemano, la frescura de la vegetación se siente en los pulmones, se exhala la vida y una gran sed de conocimiento motiva al buzo a seguir adelante.

Palpa la rudeza de la naturaleza, a veces el olor es a sulfuro, agua estancada o a tierra húmeda. Hay de todo. La circulación sanguínea se activa y la serotonina se dispara ante el mundo silvestre.

Los mexicanos bucean hacia su gran aventura, sea en mar o en cenotes, sus pupilas se dilatan ante la iluminación de sus lámparas que develan el mundo debajo la tierra, descubriendo la fauna y las caprichosas formas de las cuevas.

Fernando Calderón Gutiérrez, el Biólogo marino de la universidad Texas A&M University at Galveston, nos narra la experiencia al realizar trabajos en Cozumel, Quintana Roo, con el respaldo de uno de los primeros espeleobuzos mexicanos, Germán Yañez, quien en su honor fue nombrada una de seis nuevas especies de esponjas halladas en una cueva: Svenzea germanyanezi. Por cierto que, a decir del científico, lo que se ha encontrado en este lugar, no se halla en ningún otro sitio, lo que hace especiales las cuevas de Quintana Roo.

“En la Península de Yucatán lo más seguro sería pensar que en cualquier lugar hay una cueva”.
Fernando Calderón Gutiérrez
Biólogo marino de la Texas A&M University at Galveston

Su nombre es La Quebrada. Se llega a ella a través del mar o desde nueve cenotes. La cueva tiene más de 9 kilómetros de longitud y, uno de esos nueve cenotes está en el parque Chankanaab, por lo que otra de las especies halladas se llama Haliclona (Halichoclona) chankanaabiis.

Otra esponja fue “bautizada” en honor a los mayas: Calyx maya que es una especie estigobia: “Este nombre (estigobio) se denomina solo a las especies que únicamente viven dentro de las cuevas, no se pueden encontrar en ningún otro lugar”, explicó Calderón Gutiérrez. Displastrella cozumella fue llamada así en honor a la paradisiaca isla Cozumel, que tiene fascinados a los espeleobuzos y sus equipos multidisciplinarios. Las otras especies de nuevo registro son: Haliclona (Reniera) stigobia y Neosiphonia microtriaeneae.

Fernando Calderón aprovechó la guía de Yañez y la colaboración de la investigadora de la Universidad Autónoma de México (UNAM) Patricia Gómez, encargada de la Colección Nacional de Esponjas durante la expedición en La Quebrada, donde nunca imaginaron hacer el descubrimiento.

La cueva, como el mar profundo, es oscura y no hay comida. Ahí, la mirada afilada por el rayo de la lámpara del buzo se detuvo a mirar pequeñas esponjas inmóviles de unos cinco a diez milímetros en el fondo de agua marina. “Después, en el laboratorio analizamos las estructuras del esqueleto de las esponjas, llamadas espículas para poder identificar las especies, estas midieron entre 1.3 y 600 micrómetros, para darse una idea el cabello humano mide 50 micrómetros, hasta 50 veces más delgado que un cabello humano”.

En una sola cueva encontraron 10 especies diferentes. Seis nuevas y las otras cuatro ya estaban registradas científicamente.

La Quebrada es muy bajita. Hay partes en que el techo nada más tiene un metro o metro y medio de grosor, de manera que usted, querido lector, podría estar parado ahora mismo sobre una cueva que oculte otro mundo con sus propios misterios.

“En la Península de Yucatán lo más seguro sería pensar que en cualquier lugar hay una cueva”. Por ello, Fernando Calderón nos insta a conocer lo que hay en las cuevas, pues “mientras no le hagamos saber a la gente lo que existe, será imposible protegerlo… no porque no lo veamos quiere decir que no afectamos, si por ejemplo se contamina el cenote se pueden morir estas especies”.

La importancia ecológica de las esponjas se debe en gran parte a su capacidad para filtrar grandes cantidades de agua, ya que en promedio pueden bombear 1 200 veces su propio volumen por día. Son capaces de retirar hasta el 90% de las bacterias y entre el 23 y el 63% de los virus del agua.

CONTAMINAMOS ARRIBA Y CONTAMINAMOS ABAJO

El científico explica que existen especies que sólo habitan aquí en Quintana Roo: “Si nosotros las dañamos se van a extinguir, pero al mismo tiempo, se trata del agua que nosotros utilizamos. Entonces, encontramos que la gente está contaminando los cenotes echando desperdicios directamente al subsuelo; ello es como si lo estuvieran haciendo a su propio garrafón de agua, porque (lo que está en los cenotes) es el líquido que tomamos. No solo los hoteles están contaminando, también muchas casas”.

“Nos ha tocado estar buceando y de repente vemos el tubo de PVC, que de seguro es el drenaje de una casa que está arriba…”. Una de las cosas importantes es que la gente comprenda que el agua subterránea es la misma que está utilizando para el consumo humano. En muchas ciudades del orbe se ha documentado que ecosistemas han sido destruidos por la excesiva contaminación provocada por el hombre. En nuestro país se ha hecho evidente que la conducta humana ha arrasado con gran parte del patrimonio natural devastando manglares, contaminando ríos, mares, lagunas, incluso haciéndoles desaparecer.
De ahí que el trabajo de los investigadores trascienda hasta la concienciación del mundo en que vivimos, aunque en las cosas insospechadas estén frente a nosotros. En la Península de Yucatán los científicos de diversos grupos interdisciplinarios han descubierto miles de cuevas y cavernas con importantes hallazgos conformando un importante patrimonio cultural subacuático; se sospecha que al menos hay unos 8 mil cenotes inexplorados. Los investigadores instan para que los recursos naturales, como el agua, la flora, fauna y estructuras rocosas sean protegidos como un tesoro para la vida humana.

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