Las cartas sobre la mesa; el pueblo quiere paz…

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Las cartas sobre la mesa; el pueblo quiere paz…

Roger E. Cornelio Sosa

Los sesudos analistas de café no dan una. Aún no. Todavía. Las campañas políticas se realizan en tres etapas, cierto es. Pero los trámites previos con miras a votar y ser votado, antes de las decisiones preparativas oficiales, son un verdadero galimatías. Ya falta poco, no mucho. Aunque para los ansiosos, sólo quedan 63 días. Y presionan, se muestran, hablan, se reúnen y entonces sí ¡Que arda Troya!
Los que aspiran y suspiran por la gubernatura de Campeche tienen características propias: los que se sienten por derechos de sangre (herencia divina); los que se asumen por compromisos de seis años antes (a ti te toca) y las nuevas circunstancias (todo es inédito). No hay, pues, motivos para erigirse como el absoluto sabedor de la verdad, pitoniso certero ni adivino nigromante.
Las cartas aún no están sobre la mesa. Apenas se está eligiendo el mazo. Recién entramos al mes de octubre y nos encontramos así en tres y más canchas; en una, los 8 ó 10 cúpulos trazan (y transan) sus estrategias. En la otra, los 11 ó 20 mandos altos, actúan en consecuencia. Los otros 21 a 50 de la cadena de mando, sugieren ventajas y debilidades; muestran cifras y hacen sumas…
Y multiplican y restan para, al final, casi el mero día del plazo fatídico -día “D” le llaman-, emprenden las divisiones. Pragmatismo puro, negociaciones de plazas, acuerdos para ganar-ganar y reparto del pastel. Primero ven posiciones, luego personajes. Hacen cálculos para prevenir el menor daño. Tratan de evitar que en el campo de la negociación queden saldos rojos. Víctimas culpables en el campo de batalla.
LA RUTA DE LA (DES)GRACIA; NADA PARA NADIE
Parte de los acuerdos implican riesgos inevitables. Habrá renuencias, jaloneos y rebeldía; cismas, defecciones, desbandadas, renuncias. También confrontaciones, advertencias, mentadas y algo de violencia. Hechos fingidos algunos, otros verdaderamente reales. Así muchos entienden la política. Lucha por el poder y sólo eso. Algunos hasta quieren repetir. Sinvergüenzas al extremo.
Entonces, una vez superado el espacio decembrino, vienen las cartas sobre la mesa. Ya estamos en enero. Inicia el palomeo: éste garantiza votos, pero no tiene dinero; aquel tiene prestigio, pero es pan sin sal; allá el candidato del pueblo, pero no es confiable; acullá, sin prestigio, pero maletas de capital. Aquel, ni prestigio, ni gente ni fortuna. El tiempo apremia. Carreras por la documentación.
Otro factor: con el INE no se sabe. ¿Quién controla al controlador? Antes -no me consta-, con billetazos; hoy -tampoco me consta-, representa la reencarnación de la Madre Teresa. Por si las dudas, me voy derechito. Hay que seguir las normas: respetar tiempos, paridad y límites de financiamiento. Ya no es como antes, decíamos, por aquello de despensas, láminas y 500 por tu voto. ¿Quién vigila al vigilante?
Irrumpe el detalle de la Pandemia. Las RRSS son papel fundamental. No sabemos cómo serán los protocolos sanitarios, pero… ¿visitas de casa en casa, con cubrebocas? Opción de riesgo. ¿Mítines de 100 personas, con mascarilla? Igual de alta inseguridad. ¿Reuniones virtuales por Internet, para grupos de 20 vecinos? Actividad sensata. El mundo de la tecnología. Hoy no es igual que ayer. Adaptémonos.
DIÓGENES Y SU LÁMPARA, TRAS EL PERFIL IDÓNEO
Ya en febrero, todo aclarado. El círculo dorado muestra sus cartas. Invitan al pueblo. ¡Habemus candidat@ a gobernador(a)! Ahora el jaloneo será abajo, en el círculo de a Ras de Suelo. El primer paso, lo importante para partidos y elegid@s, ya está dado. El botín de las candidaturas ha sido repartido. Falta ahora convidar a Juan Pueblo con los retazos del pastel. Viene pues. Así ha sido siempre.
¿Cómo convencerlos? ¿Cómo lograr que voten por mí? ¿Qué espera la gente? ¿Será verdad eso de pueblo bueno y sabio? Interrogantes que producen insomnio. Dudas que estresan. Incertidumbre que harta. La gente… ¿Por qué ese vicio heredado? –Hola, buenos días, soy el candidato… -¿Qué me vas a dar? Si quieres mi voto, tienes que dejar algo, así todos ganamos-. Trueque de la dignidad en aras de la democracia.
No. El camino no es fácil en este escenario. Viene el peor. -No quiero tu dinero. Siempre nos han mentido. No te queremos. Sólo en campaña te acuerdas de nosotros. Puras promesas. No cumples. Nunca te vimos cuando las inundaciones. No estuviste cuando enfermamos, cuando padecimos hambre. No tienes vergüenza para estar acá. Sigue tu camino. No queremos nada con la política-. Ufhhh.
¿Pueblo bueno y sabio? Si. Aquel que responde: ¿para qué quieres saber nuestras necesidades, si son las mismas de hace 40, 60 años? ¡Te lo firmo ante Notario! -Por favor, no quieras darme atole con el dedo-. Momentos críticos. Las familias no tienen favoritos, sólo urgencias. Necesitan medicinas y oportunidades de empleo, no campañas políticas. Antes y hoy, el hartazgo es pan nuestro de cada día.
PARTIDOS POLÍTICOS, REBASADOS POR “MUCHO PUEBLO”
Parodiando al presidente, ahora hay mucho pueblo para poca oferta política. Mérito a quien lo tiene, debemos reconocer que AMLO enseñó a protestar, a inconformarse, a no dejarse mentir, a luchar por sus derechos. Así lo hicieron otros antes, muchos otros, pero en los tiempos actuales -siglo XXI-, el ahora presidente tiene mano; fue (aún es, ya no tanto) el líder social innegable. Sus enseñanzas, también ÉL las sufre.
Pasada la euforia del 2018, las aguas han tomado su nivel. El estallido social vía voto de castigo y hartazgo, ha concluido. Las risas, insultos, burlas y sorna contra el PRIAN, se agotan por repetitivos. La lucha por la corrupción, bandera insigne de Andrés Manuel, ha sido horadada por gabinete y familia. La mancha salpica y genera desconfianza. Lealtad a ciegas se disipa. Mutismo. No se reniega por vergüenza.
La encrucijada letal. Mi voto es secreto, ya no por los partidos, sino por las personas. Ya no por dinero ni despensas, sino por la expectativa verdadera y de mejor certeza. El pleito ha terminado. Aún pronto para juzgar a AMLO, aunque él ya juzgó a MORENA. -¡SON UNA VERGÜENZA!”, les dijo. Decepcionado el presidente, el mensaje lo capta el pueblo. Al líder se le imita. Aún guarda reserva fuerte.
¿Amarradas las candidaturas? Por favor. Ningún camino conduce al triunfo. El llamar a incendiar al adversario, sería esta vez contraproducente. La familia sigue harta. Ya no del PRIAN, ni del Morena, ni del PRD ni otros. El pueblo se siente atracado, que se le use, se le mienta y se le decepcione. Ya no quiere saber de discursos triunfalistas. Ya no más mensajes de odio y rencor. El pueblo quiere paz…
Si. El cambio de régimen enseña. Ya la gente aprendió a mirar con ceño fruncido a los oportunistas e improvisados; también a los mismos de siempre. ¿Qué arda Troya? ¡NO! El pueblo quiere paz…

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